A sus 27 años, Davidovich se dirige hacia la madurez necesaria para firmar éxitos de este calibre y superar pruebas de fiabilidad como esta última. Durante un rato estuvo perdido, a merced de un rival que durante media hora lo sometió, pero luego se rehízo a base de creer y resistir. Su juego ya no es solo pirotecnia. Hay poso, hay entendimiento, hay consistencia. . Jódar no terminó de romper el dique y el andaluz se rebeló. Aguantó las embestidas y con mucho temple, el mismo que le guió hacia la final después de una escalada muy meritoria, logró por fin el éxito que tanto se le resistía. Se trata de su tercer trofeo esta temporada, pero este es de otra dimensión. Palabras mayores lo de un mil, y significativo que sea en Shanghái.
Llegaba el malagueño (27) a la cita como un tiro, seguramente en su mejor punto de tenis y, sobre todo, con un convencimiento y una concentración que todavía no había alcanzado. Sin embargo, su gesto tardó muy poco en cambiar, consciente de que no podía seguir el ritmo ni resistir a los pelotazos del rival. En un abrir y cerrar de ojos, Jódar ya le había arrebatado dos veces el saque y en un plis plas, 27 minutos, ya se había hecho con el primer set. Parecía que tuviera prisa el madrileño. ¡Ñam-Ñam! En cada resto, un mordisco. Señores zarpazos. Desde ese ángulo, hoy hay pocos que presionen tantísmo como él, acaso Sinner, tal vez Alcaraz. Y nadie más. La agresividad por bandera, el trallazo como lenguaje. Más y más profundidad. Es un percutor de manual.
Contrariado, Davidovich se preguntaba cómo demonios se puede competir a tal velocidad, con semejante fuego en cada raquetazo. Pero no es solo cuestión de brazo o piernas, también de ideas. De cabeza. Obliga Jódar al de enfrente a jugar todo el rato sobre un fino hilo, y debajo se relamen los tiburones. Siempre busca algo.
El factor físico volvió a ser decisivo. El malagueño, con casi tres horas menos de carga encima, amanecerá este lunes en el puesto decimotercero del ranking, el mejor de su carrera. Jódar, por su parte, se instalará en el undécimo escalón, acariciando ya el top-10 y con un pie en la cita maestra de Turín, en noviembre.