“Soy como soy, no quiero ser falsa”, reitera la referencia actual del tenis femenino, que desde la retirada de Serena y el adiós previo de la rusa Maria Sharapova, echa en falta a jugadoras-símbolo que lo proyecten y arrastren al aficionado, capaces de recoger el testigo de las dos estrellas que se fueron y dejaron un inmenso vacío. , pero su tirón mediático no terminó de encontrar correspondencia en los éxitos deportivos, interrumpidos de forma abrupta. Rompió el cascarón luego Coco Gauff, con 15 años, pero su discontinuidad en la pista le penaliza y su personalidad poco o nada tiene que ver con la de su compatriota Williams. Y se diluyó de inmediato la británica Emma Raducanu, al parecer, flor de un solo día.
Sin embargo, ahí estaba ella, Sabalenka (27 años). Tardía pero impulsada a tiempo. No deja a nadie indiferente. “No intento hacer que me quieran. ¿Por qué gastar energía en la gente que me odia?”. Así que ahora exhibe dentro y fuera de la pista ese anillo de diamantes y esmeraldas, valorado en una cantidad cercana al millón de euros y que, dice, podría ayudarle a ganar por primera vez en Indian Wells, donde fue negada dos veces: una en 2023, precisamente por Rybakina, y la otra . “Estoy cansada de perder este tipo de finales [cedió en enero la del Open de Australia]. Y creo que estoy más que preparada para ganar la de este domingo”, anticipa.
A diferencia de otro tipo de talentos más innatos, más naturales y más precoces, la cumbre de Sabalenka es la de una estajanovista que jamás se rindió y que tardó en coronarse; de hecho, no tocó la cúspide hasta que tuvo 24 años y alzó el primero de sus cuatro grandes con 23. Le costó consolidarse, pero llegó con la misma fuerza que propone cuando le sacude a la pelota, arrolladora siempre, y terminó desbancando a las bravas a la polaca . La de Varsovia (24 años) no termina de conectar con la gente, más bien áspera y distante en el trato con el resto de las jugadoras y el entorno que la rodea. Juegan estupendamente, pero tampoco terminan de seducir las Pegula, Anisimova, Svitolina o Keys.
Y no termina de ser reclamo Rybakina, tan formidable con el saque y el tiro como fría en la expresión. Absoluta antítesis. No transmite, no le gustan los medios y : el de la tristeza. Por fortuna, apareció ella. “Brilla mucho [el anillo]. Espero que mis rivales se distraigan y eso me beneficie”, bromea Sabalenka. “Hicimos algunas pruebas antes para ver si existía algún riesgo de perder el diamante al jugar, pero no hay ninguno”, añade este tenista genuina y singular, admirada por una legión de casi cinco millones en Instagram y que hace unos días no dudó en ejercitarse con un velo de novia o plantarse delante de los periodistas con su perrita en brazos.