Al final de la primera parte Riazor estalló en una ovación. Y si algo quería el deportivismo era competir, mirar a la cara a un grande y, de alguna manera, evocar aquel tiempo en el que no solo lo hacía, sino que además vencía. El Deportivo trata de recorrer una ruta que le lleve a ese destino, pero hay procesos que no pueden adelantarse. Al Atlético le compitió con mucha dignidad, pero también con problemas. Y acabó por ceder ante un rival superior, que para eso están las categorías. El Atlético, semifinalista en las dos últimas ediciones de la Copa del Rey, ya está en cuartos de final de una competición que no gana desde 2013 y a la que le da,
Las respuestas del Deportivo fueron tibias. El equipo que adiestra Antonio Hidalgo operó con el plan habitual que le tiene en los puestos cabeceros en la división de plata. Se juntó con balón para minimizar las transiciones, le bajó revoluciones al partido. La idea era recuperar, gestionar la pelota y evitar trasiegos de una a otra portería. Y esperar que cayese alguna opción, como la que le generó el vivaz Mella al ariete Eddahchouri con un buen centro al primer palo del que salió un remate dirigido a las manoplas de Musso.
Fue la única llegada del Deportivo en todo el primer acto, una acción episódica entre el dominio visitante, no tanto por la capacidad del Atlético para juntar pases, sino para impedir los del equipo local y obligarle a jugar en su campo. Lo pasó mal el Deportivo para encontrar al hombre libre y se abocó a correr hacia atrás, a sufrir las continuas acometidas de su rival, pugnaz para insistir y darle una marcha más al partido bien con las apariciones desde segunda línea de Llorente, que operó durante una hora como activo centrocampista adelantado. El exjugador del Villarreal lo intentó con un disparo sin malicia. Más colmillo tuvo un disparo desde la frontal de Griezmann que tropezó, con estrépito, en el larguero. Un aviso antes del júbilo de Riazor al descanso.
Después del entreacto, el Deportivo se mostró más incisivo, siquiera porque sus excelentes laterales se juntaron para generar un incendio en el área colchonera nada más rodar el balón. Pudo marcar en el rebumbio que se formó el equipo local, pero su realidad era la de achicar más que la de estirarse. Y el Atlético le llevó al límite hasta que instantes después de que los técnicos llamaran a sus primeros refrescos, a la hora de partido, Griezmann rememoró glorias pasadas con un libre directo de maestro que dejó con el molde a Parreño.
Simeone había rectificado el once para abrirle sitio a Barrios y Almada en la zona de creación y colocar a Sorloth en el área ante un equipo que padece en los centros. Pero el gol llegó antes de que pudiese echar esas cartas sobre la mesa. Le cambió el partido al Deportivo y su técnico, Antonio Hidalgo, llamó a Yeremay, su futbolista más cotizado. Buscó sus opciones el Deportivo. Lo hizo, en medio de un ambiente electrizante, con entusiasmo y el vigor suficiente como para llevar la pelota al campo contrario. Con la audacia, también, de llevar al campo un delantero más para acabar el partido en el área rival mientras Simeone se tapaba con Giménez. Se replegó el Atlético para guardar el tesoro que le había dado Griezmann y cantar victoria entre la ovación de Riazor a su equipo.