“Esos dos apoyos son clave. El entrenador lo recupera emocionalmente y lo pone a jugar en un momento muy complicado. Y los jugadores hicieron que culminase su proceso de sanación yendo a recibir la copa. Es como decirle: ‘ya estás otra vez con nosotros”, explica Xesco Espar, experto en alto rendimiento y exentrenador del Barça de balonmano. En la misma línea se expresa María Cabrera, psicóloga deportiva: “Momentos como levantar la Supercopa tras una experiencia difícil tienen un impacto emocional enorme: le devuelve al jugador la sensación de competencia y pertenencia”. Álvaro González, psicólogo clínico y deportivo que también ha trabajado con jugadores y jugadoras de Primera División, opina igual, y destaca el parón de Araujo: “Es muy fácil acogerse a una baja cuando tienes una pierna rota, es algo que se ve. Pero una baja por ansiedad, depresión o salud mental es muy difícil”. Los tres especialistas coinciden con EL PAÍS en una idea central: lo mental y lo físico van de la mano.
Araujo entró en el minuto 93 tras la expulsión de Frenkie de Jong, con el 3-2 en el marcador. Flick le dio la confianza, jugó cuatro minutos y el resultado no se movió. Tras el pitido final, Araujo charló con Vinicius y Carvajal, y se fundió en un abrazo con Joan Laporta durante la entrega de medallas. Pero no fue el único momento en el que recibió el respaldo del club y de sus compañeros.
El uruguayo había pedido tiempo al Barcelona para recuperarse anímicamente. cuando recibió una segunda amarilla tras una falta sobre Cucurella en el tramo final de la primera parte, con el marcador ya en contra. “El deportista convive con el error. Pero hay momento en los que siente que tiene más repercusión. Y ahí es muy importante el entorno”, explica Espar. El Barcelona terminó perdiendo aquel encuentro de Champions, y Araujo, que salió señalado, no volvió a entrenar.
“La crítica externa tiene el problema de que le da la sensación al jugador de que amplifica el error a la vista de todo el mundo si no se sabe bloquear. Y sobre todo cuando la externa se convierte en interna. Esta está todo el día con el jugador, y si no se gestiona, es cuando se genera la ansiedad, preocupación y afecta al alto rendimiento”, añade Espar. “Es necesario aislarse y centrarse en la parte que te enriquece. Si te guías por lo que dicen prensa, otros compañeros, o el público… eso te ensucia y realmente pierdes la concentración y la energía”, apunta González. “Y en el caso de un capitán, además, aparece la carga de la responsabilidad colectiva, lo que intensifica el desgaste emocional”, señala Cabrera.
Tras el partido ante el Chelsea, Araujo fue a hablar con la dirección deportiva, que lo derivó a los servicios médicos. “No era un problema de confianza, sino de salud. Una vez resuelto el tratamiento, ya estaba listo para jugar”, explican desde la dirección deportiva. “Físicamente se encuentra bien, pero anímicamente lleva un tiempo que no consigue estar al 100%”, explicaron entonces fuentes conocedoras de la situación del uruguayo.
En su proceso de recuperación, encontró refugio en un viaje espiritual que emprendió a Jerusalén, apoyándose en su fe. Después, también viajó a Uruguay con el permiso del club azulgrana, que le apoyó y le dio el tiempo necesario para recuperarse. “El apoyo del club es imprescindible. Cuando le dicen que se tome todo el tiempo que necesite, el jugador percibe que el importante es él, no su rendimiento: le quieren a él de vuelta”, subraya Espar. “Ese respaldo reduce la ansiedad, protege la autoestima y facilita una recuperación emocional más sólida”, añade Cabrera. Desde su experiencia, González destaca la importancia de “recuperar el sentido”: “¿Para qué juegas al fútbol? Cuando pasas por un periodo de este tipo es porque ya no disfrutas del deporte, ya no lo vives como en el patio del colegio. Hay que recuperar eso”.