Los esports olímpicos en el punto de mira: el caso Ser Miang Ng reabre el debate sobre su futuro

El proyecto de los esports olímpicos vuelve a quedar bajo sospecha. Esta vez, no por falta de audiencia o de interés competitivo, sino por algo más delicado: la credibilidad de las estructuras que aspiran a gobernarlos.

Documentos internos del Comité Olímpico Internacional filtrados al medio The Inquisitor, han reactivado una polémica que el COI daba por cerrada. En el centro del debate aparece Ser Miang Ng, miembro veterano del organismo y figura influyente en el desarrollo de los futuros Olympic Esports Games.

Según estas actas, Ng habría impulsado la inclusión de Virtual Taekwondo , un videojuego vinculado a empresas relacionadas con sus hijos, dentro del ecosistema olímpico digital. Una coincidencia que ha levantado sospechas de conflicto de intereses en un momento especialmente sensible para la integración de los esports en el olimpismo.

El proyecto olímpico de esports, bajo presión interna

El COI atraviesa una fase clave en su intento de legitimar los esports como disciplina olímpica. El lanzamiento de los Esports Olympic Games debía servir para ordenar el sector, atraer inversión y dar estabilidad a un ecosistema históricamente fragmentado.

Sin embargo, la respuesta oficial del organismo, limitada a negar las acusaciones sin aportar documentación detallada, no ha logrado calmar las aguas. Al contrario.

Dentro del movimiento olímpico, varias federaciones reconocen en privado su preocupación por la falta de transparencia con la que se ha gestionado el caso.

A esto se suma un impacto económico nada menor: las informaciones apuntan a un agujero financiero cercano a los 20 millones de euros y a la pérdida de un patrocinio clave procedente de Arabia Saudí, inicialmente destinado a impulsar el proyecto olímpico digital.

El caso Ng destapa un problema estructural

El problema va más allá de un nombre propio. La controversia pone sobre la mesa una cuestión de fondo: qué tipo de gobernanza necesitan realmente los esports si quieren formar parte del ecosistema olímpico.

Mientras el COI intenta adaptar estructuras tradicionales a un sector digital que avanza a otro ritmo, la industria observa con inquietud cómo se repiten dinámicas que los esports llevan años intentando dejar atrás: intereses cruzados, falta de control y decisiones poco claras.

En este contexto, cobra relevancia el contraste con modelos alternativos como el de la International Esports Federation (IESF), presidida por Vlad Marinescu. Durante años, Marinescu ha defendido un enfoque más estructurado, basado en estándares de integridad, gobernanza clara y separación entre intereses privados y cargos institucionales.

Más allá de las medallas: confianza, reglas y gobernanza

El debate ya no gira solo entorno a si los esports deben ser o no olímpicos. La pregunta es en qué condiciones.

Para una industria que exige reglas claras, estabilidad y confianza institucional, casos como el de Ser Miang Ng suponen un serio aviso. La legitimidad no se construye solo con audiencias millonarias o tecnología punta, sino con credibilidad y gobernanza sólida.

Si el COI quiere que los esports formen parte del deporte del futuro, deberá demostrar que ha aprendido de los errores del pasado. Porque, en el ecosistema digital, la transparencia no es opcional. Y cada movimiento en falso tiene un coste que va más allá de una medalla.