Xavi Pascual planteó un enfoque diferente de inicio, con Punter de base y jefe de operaciones cuando siempre actúa de dos, . Pero tras abrir el partido, notó una molestia en la espalda que le hizo pasar por boxes. Mala noticia para medirse con un rival en el que la ley bajo el poste la dicta Oturu -siete de los 10 primeros puntos del Hapoel-, con Elijah Bryant de director de orquesta y con Micic (el mejor pagado de la Euroliga) como guindilla. Pero no se amilanó ni arrugó el Barcelona, ya con callo ante las contrariedades y con alma competitiva, que sacó su mejor versión. Comenzó el baile Vesely con un triple y con esos tiros elegantes desde media distancia, la dulzura de la muñeca. Le siguió Clyburn, que va cogiendo color y forma en busca de ser ese jugador referencial, además de Cale, que últimamente añade la característica de tener puntos en las manos a la habitual de stopper. 26-19 como aperitivo, un Barça redondo.
Pero el Hapoel, equipo hecho a base del talonario del multimillonario israelí Ofer Yannay, se puso serio, piernas para jugar al abordaje y mucho músculo en la botella, un expresivo parcial de 0-10. Odiase, Randolph y el otro fichaje invernal -además de Micic-, Blakeney, demasiados quilates con nueve americanos entre los 12 talludos. Unos que no fallaban casi nada -16 de 20 en tiros de dos en el arranque- y que abrieron un poco de brecha al entreacto (40-46), liderados por un Bryant que parecía jugar en el recreo, abusón de talento. Pero el Barça se mantuvo atornillado al partido
Seguía en sus trece el equipo azulgrana de mantenerse en pie en el duelo, sostenido por Satoransky, pero Bryant estaba de dulce, un líder con el balón en las manos y con el tiro como bandera. Aunque para ejercicio de autoridad el de Oturu (22 puntos), que gobernaba el poste bajo sin que el rival encontrara la receta, ni Vesely ni Hernangómez ni Fall. Ni nadie. 66-60 para alcanzar el último capítulo, de nuevo desbravado el Barça en el reparto de caramelos -acabó el envite con 11 asistencias por las 19 del Hapoel- y sin puntería desde la periferia (6 de 20)- Una tónica que no varió en el postre del envite, aunque sí que reactivó al Barça a través del pase -exigencia de Pascual en un tiempo muerto-, que no recortó distancias porque los colegiados no sancionaron una falta clara sobre Clyburn que acabó con la pizarra del entrenador azulgrana en el parket, gesto de rabia. Pero el Hapoel supo poner el partido en formol y llevarse el triunfo que le dispara a la zona noble y